
Dentro de los continuos desplazamientos espaciales y temporales que caracterizan la escritura personalísima de Juan Antonio Masoliver Ródenas, los centros dominantes son El Masnou (¿O es Ocata? ¿O es Otaca?) y Barcelona (o Cataluña, o Castaluna) de la década de los cincuenta. Estimulado por el rencor y por la irreverencia, pero también por la ternura y por una desesperada nostalgia, por la necesidad de inventar y de confundir realidad con imaginación, este libro de difícil definición, hecho de una memoria que van encontrando su unidad en el acto mismo de la escritura, es un documento desolado y obscenamente divertido de los años de la pubertad y de la adolescencia.
En Beatriz Miami el descubrimiento del sexo, del amor y de la amistad están marcados por dos realidades dominantes: la opresión y la represión. Asistiremos así a la desintegración definitiva del paraíso de la infancia, en una sucesión de fracasos narrada a través de una galería de personajes que, si no existieron, su existencia se hace necesaria, pues por encima del desbordamiento de situaciones absurdas y descaradamente ficticias, son ellos los que dan al libro su dimensión de crónica exacta. A través de unos muchachos que han perdido prematuramente la inocencia, vemos a toda la sociedad <<culpable>> y sin remordimientos de los años del franquismo, en un infantilismo generalizado que hace difícil distinguir a los adolescentes de los adultos.
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